Capitulo 1: Menosprecio (Taylor)
Aquella mañana me levanté bastante nervioso, era mi cumpleaños, 17 nada menos. Estaba un poco tenso, había invitado a la fiesta a todos mis amigos y a algunas personas importantes para mi futuro o a hijos de éstas y todo tenía que salir a la perfección, muchas cosas de mi nueva vida dependían de ello.
Eran las doce del mediodía, corría de arriba abajo por la casa, estaba atacado, había terminado todos mis ejercicios, había hecho los deberes, ordenado mi habitación, sacado al perro, visto la televisión, ya no sabía qué más hacer…
No podía parar de pensar en lo que esta noche tendría que hacer, sonreír, saludar a todo el mundo, escuchar conversaciones sin sentido, hablar por millonésima vez de mi papel como Jacob Black, lo muy agradecido que estaba por haberme dejado convencer por mi familia para presentarme al casting. No es que no me gustara el cine, soñaba con ser un gran director o guionista en el futuro, pero odiaba tener que cambiar mi físico para representar un papel como el de Jacob.
Deborah: Taylor hijo, relájate, te va a salir una ulcera de estómago.
Taylor: Todo tiene que estar perfecto mamá.
Deborah: Y lo estará, anda ve a hacer tus ejercicios, dúchate y haz los deberes que te han mandado, solo ocúpate de eso.
Taylor: Ya me he duchado, después de correr, y los deberes los acabé ayer.-odiaba que me trataran como un niño en estos sentidos.
Deborah: ¡Pues haz otra cosa!-se estaba poniendo nerviosa, eso era que ocultaba algo.
Taylor: ¿Te encuentras bien mamá?
Deborah: Esto, sí…
Dan: ¡Taylor! Ve a sacar al perro o se lo hará en casa.
Taylor: Salvada por la campana-ella suspiró y yo bajé a por Thunder.
¿Qué me ocultarían? La verdad que desde hacía unos años el día de mi cumpleaños nunca acababa de ser perfecto, siempre tenía la sensación de que me faltaba algo, no por regalos o atenciones sino era algo diferente, era un pequeño vacio en mi pecho que no se terminaba de llenar.
Saqué el perro por el jardín, no me apetecía enfrentarme a los cientos de periodistas que se apostaban frente a la casa, la verdad que era lo que menos me gustaba de la fama. No poder tener la intimidad suficiente para vivir mi vida sin que a cada esquina alguien me preguntara por mis relaciones sentimentales, amistades, familia….. añoraba parte del anonimato.
Volví a casa y subí a la habitación para ducharme de nuevo y comenzar a arreglarme para la fiesta, era una noche muy importante y todo tenía que salir a la perfección, ropa, decoración, comida, música, todo estaba listo para que el espectáculo comenzara.
Eran las doce del mediodía, corría de arriba abajo por la casa, estaba atacado, había terminado todos mis ejercicios, había hecho los deberes, ordenado mi habitación, sacado al perro, visto la televisión, ya no sabía qué más hacer…
No podía parar de pensar en lo que esta noche tendría que hacer, sonreír, saludar a todo el mundo, escuchar conversaciones sin sentido, hablar por millonésima vez de mi papel como Jacob Black, lo muy agradecido que estaba por haberme dejado convencer por mi familia para presentarme al casting. No es que no me gustara el cine, soñaba con ser un gran director o guionista en el futuro, pero odiaba tener que cambiar mi físico para representar un papel como el de Jacob.
Deborah: Taylor hijo, relájate, te va a salir una ulcera de estómago.
Taylor: Todo tiene que estar perfecto mamá.
Deborah: Y lo estará, anda ve a hacer tus ejercicios, dúchate y haz los deberes que te han mandado, solo ocúpate de eso.
Taylor: Ya me he duchado, después de correr, y los deberes los acabé ayer.-odiaba que me trataran como un niño en estos sentidos.
Deborah: ¡Pues haz otra cosa!-se estaba poniendo nerviosa, eso era que ocultaba algo.
Taylor: ¿Te encuentras bien mamá?
Deborah: Esto, sí…
Dan: ¡Taylor! Ve a sacar al perro o se lo hará en casa.
Taylor: Salvada por la campana-ella suspiró y yo bajé a por Thunder.
¿Qué me ocultarían? La verdad que desde hacía unos años el día de mi cumpleaños nunca acababa de ser perfecto, siempre tenía la sensación de que me faltaba algo, no por regalos o atenciones sino era algo diferente, era un pequeño vacio en mi pecho que no se terminaba de llenar.
Saqué el perro por el jardín, no me apetecía enfrentarme a los cientos de periodistas que se apostaban frente a la casa, la verdad que era lo que menos me gustaba de la fama. No poder tener la intimidad suficiente para vivir mi vida sin que a cada esquina alguien me preguntara por mis relaciones sentimentales, amistades, familia….. añoraba parte del anonimato.
Volví a casa y subí a la habitación para ducharme de nuevo y comenzar a arreglarme para la fiesta, era una noche muy importante y todo tenía que salir a la perfección, ropa, decoración, comida, música, todo estaba listo para que el espectáculo comenzara.
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